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Aprender a controlar las emociones


aprender a controlar las emociones

Aprender a controlar las emociones es muy importante, ya que hoy en día la mayoría de las personas están más pendientes del teléfono, de las redes sociales, de la hora del día o del saldo de su cuenta corriente que de la tensión que hay en su propio cuerpo, sin embargo, el conocimiento del organismo es el primer paso en el reconocimiento y en la lucha por la reducción del estrés, la ansiedad y de las emociones negativas (depresión) que ello puede provocar.

La importancia del estado del organismo, su efecto sobre la conciencia y su relación con el estrés fue señalado ya, siglos atrás por filosofías tan antiguas como Zen, Yoga y Sufismo. Hay dos teorías modernas que concentran su atención en el cuerpo y en sus relaciones con el estrés emocional. Trabajan en la relación cuerpo y mente, la tensión muscular crónica y la ansiedad, aparecen en personas que desarrollan actitudes que favorecen la contracción de los grupos musculares, la ansiedad y la tensión muscular son la manera en la que el organismo nos permite saber que estamos estresados.

El gran número de demandas que existen en la sociedad actual, a las que llamamos estresores externos, nos han creado el hábito de dirigir la gran mayoría de nuestros pensamientos y de nuestras conductas hacia el exterior, incluso cuando dormimos, que estamos en disposición de prestar atención a nuestros pensamientos, nos enfrentamos con una mezcla de recuerdos, imágenes, fantasías y sensaciones que hacen referencia a nuestra experiencia diaria.

No es frecuente que nos dediquemos, sólo, a sentir intensamente nuestro interior, por el contrario, lo que solemos hacer es interiorizar toda la tensión de nuestra vida diaria y crear con ello una tempestad de pensamientos e imágenes que actúan acentuando nuestro estrés, al tratar de buscar constantemente soluciones que no encontramos, lo que incrementa la ansiedad y que puede acabar produciendo unos pensamientos negativos que nos deprimen.

Sin embargo, y en contra de lo que pueda parecer, este comportamiento no es una enfermedad de los tiempos modernos, aunque si que han aumentado las situaciones que exigen una respuesta inmediata, y ello nos genera un aumento de la ansiedad diaria.

¿Cómo podemos aprender a controlar las emociones negativas?

Es imposible que coexistan la sensación de bienestar corporal y la de estrés mental. Para controlar los síntomas generados por la ansiedad podemos entrenar nuestro cuerpo y nuestra mente con la relajación progresiva. Es una técnica de relajación muscular, está basada en la premisa de que las respuestas del organismo a la ansiedad provocan pensamientos y actos que comportan tensión muscular. Esta tensión fisiológica, a su vez, aumenta la sensación subjetiva de ansiedad. La relajación muscular profunda, reduce la tensión fisiológica y es incompatible con la ansiedad: el hábito de responder de una forma, anula el hábito de responder de la otra.

La mayoría de personas, desconoce cuáles de sus músculos están tensos de una forma crónica. La relajación progresiva proporciona el modo de identificar estos músculos o grupos de músculos y de distinguir entre la sensación de tensión y la de relajación profunda. Se trabajarán cuatro grupos principales de músculos:

Instrucciones:

Se puede practicar la relajación sentado en una silla y procurando que la cabeza esté apoyada en alguna superficie. Cada músculo o grupo de músculos se tensa de 5 a 7 segundos y luego se relaja durante 20-30 segundos. Hay que repetir el proceso por lo menos dos veces por cada músculo o zona muscular.

Procedimiento abreviado:

El procedimiento que se describe a continuación, es una forma abreviada para aprender la relajación muscular profunda de un modo más rápido. En él, todos los músculos se tensan y se relajan a la vez, repitiendo el proceso dos veces. No olvidar observar la diferencia entre las sensaciones de tensión y de relajación.

  1. Cierre ambos puños, tensando los bíceps y los antebrazos (notar la tensión durante 5-7 segundos). Soltar la tensión, dejando completamente los músculos destensados, ahora durante 20-30 segundos y repetir la acción completa otra vez. Así con cada uno de los puntos.
  2. Arrugar la frente, al mismo tiempo, mover la cabeza hacia atrás tanto como se pueda pero de forma suave y describiendo un círculo completo, primero en el sentido de las agujas del reloj y luego en sentido contrario. Ahora arrugue los músculos de la cara como si quisiera parecer una pasa: frunza el ceño, cierre los ojos con fuerza, apriete los labios, apriete la lengua contra el paladar y encoja los hombros.
  3. Separar los hombros arqueando la espalda como si fuera a hacer una inspiración profunda. Manténgase así. Ahora hacer una respiración profunda apretando la región del estómago con la mano, sostener la respiración y soltar poco a poco el aire.
  4. Extender los pies y los dedos, dirigiendo las puntas hacia arriba, para tensar así las espinillas, posteriormente flexione los dedos tensando con ello las pantorrillas, los muslos y las nalgas. Como hemos dicho en el primer punto la tensión será menor que la relajación y se repetirá cada punto dos veces.

Consideraciones especiales:

  • Si decide grabar los ejercicios para que le resulta más fácil realizar el programa de relajación, recuerde que debe dejar el tiempo suficiente entre cada uno para poder experimentar la sensación de tensión y la de relajación.
  • La mayoría de las personas tiene poco éxito al empezar a practicar la relajación muscular, pero ello es sólo una cuestión de práctica. Mientras que al principio, con 20 minutos puede conseguir sólo una relajación parcial, más adelante podrá conseguir relajar todo el cuerpo en breves momentos.
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